martes, 16 de julio de 2013

Cada mañana

 

Esta mañana no tan limpia

gotas de lluvia resbalan del cielo,

al caer se rompen;

en cristales infinitos.

 

Siento la no perfección del amanecer

por lo que sucede.

 

No veo claridad profusa en ti.

 

No siento calidez del rayo

de sol al despertarme.

 

Afirmo la herida del deseo y

pronuncio la palabra exacta,

despierto tu oído, tu cálido cuerpo;

tan cercano al mío.

 

Con pereza espero te despiertes

te miras como las violetas por la mañana.

 

Algo purifica el cielo, para sentirnos claros.

 

Con la mirada de deseo implícito

que amaneció en la sangre.

 

Intentaré amarte otro día

como el día de hoy,

amada mía.

 

 

lunes, 15 de julio de 2013

Niñez

 
Nuestra tierra es infancia de recuerdos,
simiente que germina
árbol llevado por el viento
evocación de juegos cantos… risas.
 
Amanece temprano
desertan pájaros y aire.
 
Canto de grillos,
croar de ranas…
al  atardecer
se impregna de estrellas el cielo.
 
Nuevas formas
preparan al hombre para el mundo,
rutas de mármoles y asfalto…
industrialización.
 
 
En provincia ya hombre, trabaja  y
la engrandece
repite su canto al regresar del hogar
tranquilo y silencioso.


A mi madre



M aría como la madre de nuestro redentor.  Rey de Reyes.
A nte tu mirada cuidadosa fui creciendo, protegido de las asechanzas de la vida.
R ío de plata que refleja tu imagen, algas marinas azules como el agua, en tu             redonda y tibia matriz de líquido de jade fui creciendo.
I mberbe me desarrollaba entre sueños y bostezos mientras tu vientre crecía.
A morosa entonaste bellos cantos al dormirme, en tu regazo escuché tu voz.
 
D e tus falanges inexpertas, tuviste suave caricia, el tiempo pasa incesante, fuiste  la luz que me guiaba para soportar los embates de la vida.
E n intenso recorrido de espera y lleno de secretos me descubriste los misterios de la vida.
 
L uz, llama fuego encendido serás mientras existas.
A nte ti de hinojos estoy.
 
L uminosa estrella,  lumias mi camino.
U n inmenso aliciente para perseguir haciendo camino, hoy que friso los 58 años pido perdón por no concretar tus esperanzas puestas en mi.
Z ona sagrada, feraz surco germinado de espigas doradas que solo el tiempo doblará, gracias por ser el conducto para que yo esté aquí.
 


Lluvia


Lluvia golpea mi cuerpo
agua que reverbera,
diluye dilacerantes horas de dicha.
El tiempo huye incesante,
tu imagen aparece furtiva…
destello con estrella en manos.
Lluvia de amapolas.
Hierba silvestre
cubre páramo insípido de amor…
 espera morir
tal vez no muera con nosotros.
Serpientes adornan tus cabellos,
nacemos del alba;
al mundo generoso
todo nos ofrece
a mitad de la noche.
Horas de luz queman instantes
los convierte en siglos recurrentes.
Horizonte de catedrales
existen hostias,
en el altar mayor
impolutas, sol de vida.
Lágrimas sin derramar…
azucenas pobladas de tallos
en un cuerpo incierto de sentimientos
lluvia simplemente.

jueves, 11 de julio de 2013

Preludio podrigorio

Sé que no he sido compasivo.
Me busco de alguna manera entre los osarios y esqueletos,
en las lenguas viperinas de mucha gente,
entre los cocodrilos que comen y derraman lagrimas.
Amortiguado, bien mullido de iras,
doblo la esquina y me escondo,
con esperanza sangrante, trato de verte,
más no lo consigo, ¡no sé si me recuerdes!,
me vuelvo indigente.
Te devuelvo las cartas quemadas por el olvido,
las largas horas que pasamos en la habitación,
mas bien en el cuarto pequeño
de paredes despintadas, con tu espejo quebrado,
las laminas de cinc con anuncio de cerveza descoloridos,
ahí nos quisimos, recuerdas…
¡Todos los ensueños que bordamos con las falanges!
Los postigos que quedaron cerrados,
hoy vivo en otra casa, con ventanas y marcos azules,
ya no soy el mismo, tengo copiosos años.
De mí solo quedan despojos y amarguras,
dejé de pensar en buscarte
¡No, no lo hice!, no pido compasión,
la vida cobra altas facturas.
He empezado a tener recuerdos benditos o malditos.
Las hojas devaluadas caen por el tiempo,
¡Aquí sufrimos!, ¡Aquí amamos!,
pagamos lo que hicimos, aquí devolvemos lo dado.
Tampoco extraño aquel cuarto, otros olores fermentados,
los de mis orines,
en fin; ¿Qué importa si muero sin paraguas?,
ahora que es tiempo de lluvias ¡Sí ya estoy mojado!,
¡Me he vuelto ajeno a tantas cosas!,
la soledad ya no sabe a vidrio
y la venganza se sirve en plato frio a esta edad,
con una aporía para nada inane
ya no puedo ver cráteres de estaño donde antes había rosas,
deja que la sangre que transita por mis venas se vuelva oscura.
Déjame vivir en esta soledad mientras dure.
La ligereza de la edad es efímera…
Gozamo


Otoño

 
 

Concluido el otoño,

logré desterrarlo
de mis hombros.
Afuera llueve,
melancolía líquida…
venganza del tiempo.
No escucho tu nombre…
viento y hojarasca

huyen apresurados.
Mi mano se vuelve sepia,

¿Será por los años?
la lluvia continúa…
inventé el otoño.