miércoles, 24 de julio de 2013

Mujer alada


A la mujer
se le puede querer a mitad del día;
sentada, abandonada... pensando.
En reposo u olvido,
al caer la tarde lenitiva
convivo con su ominosa carne.
A la mujer
también se le puede querer
cuando llega la noche,
entiendo la feminidad
del mundo;
cuando pego mi cabeza
en tu regazo como madre.
Cuando eres mi cómplice
tomada de mi mano
como aquel poema
apenas recordado
donde somos hermanos.
A la mujer
también se le puede querer sexualmente.
Inventar la noche y
escarceos de sueños húmedos.
Mujer oscuridad en llamas.
Mujer paloma alada… fruto enfebrecido.
A la mujer alada de mirada de seda
de cuerpo mas tuyo que mío,
resplandor en la noche, cruel deseo
Mujer…
podemos inventar el mudo cada día.
 

lunes, 22 de julio de 2013

Despedida a la Profa. Daphne


Hombres de pálido perfil

In memoriam de:
Jesús Sarmiento S. y tío Guillo
 
Hombres de pálido perfil.
Acechan golondrinas muertas.
De noche, todo es sombra.
Brillo de luna, daña; es espejo.
Largo sueño de una estrofa.
Aristaco de Samosa no mintió,
cráter opaco inunda el Mar Nibium,
parte de la luna oscura,
quebranta  mi memoria.
Dolor…dos recuerdos recientes.
Muerte… todo lo profanas
…todo lo trastocas,
el viento no  lleva el sentimiento.
Aparecen soplos de marzo,
crecen pequeños arbustos solanáceos.
En mi pecho habita la congoja,
por quienes duermen tranquilos,
en el Papaloapan  y el Golfo,
hasta terminar en el infinito.
Siendo héroe de afanes cotidianos
no puedo llorar lo que  llevo en el alma.
Me rodean bosques hostiles, espesos, oscuros,
gente que convierte el dinero en lodo.
Cerca de los árboles hay gotas de perversidad
y pútrida ignorancia,
disfrazada con bellas palabras.
Hombres que no se encuentran  en un solo lado
porque no tienen raíz; la llevan dentro.
Benefactores; necesitan una hagiografía
aunque sea por demás,
lo seguiré afirmando, ¡no callaré!
Al terminar este homenaje puedo decir:
Esos hombres de pálido perfil
inquietaban con su voz,
eran ventarrón de ecos.
Parvadas de garzas y pájaros exóticos,
acompañaron sus cortejos.
No sé cuando duerma en prado, túmulo.
Sin epitafio, en fin… no importa.
Esperaré, sentado junto a la sombra
de moho y ternura
observando hormigas,
triturando mariposas…
con mi sentimiento gris.
Escucharé notas celestiales de catedral,
vaso Corintio donde se vertieron sus cenizas
delineado con tinta carmesí.
Desde su morada,
amortajados con bellas flores y
sedante agua cristalina:
Escucharé el susurro de una carcajada.
Observaré el cielo:
¡Ahí estarán!
ojos colgados esperando cintilar estrellas.
Pedirán un poco de pan por el recuerdo:
Es el alimento de los que partieron.
 


Los invito a ver la Revista Literarte

http://revistaliterartedigital.blogspot.com.ar/2013/07/isidoro-gomez-montenegro-mexicojulio-de.html

jueves, 18 de julio de 2013

Para morir

 
Para morir…
 basta algo de brisa
que cale hasta los huesos.
Apagar la luz para morir apenas.
Para morir…
se necesita cerrar los labios
antes de decir amor.
La sangre obligada
al salir de los labios
espera tengan color las palabras,
encontrar la moneda perdida.
En el anaquel,
el libro nos susurra algo;
el plato en la mesa
con restos de condumio
 cubiertos; puedan volver a ser mineral.
Para morir…
hay pocas palabras que lo expresen.
Desde el balcón de un edificio antiguo
hoy ya no queda ninguno,
se escucha poco la luz de las estrellas
 las noches; tienta a los suicidas.
Los pájaros nocturnos redondean sus nidos,
 sacuden sus plumas.
Para morir…
no sé si tenga
que salir de la asunción del mar
donde quedaron mis huesos
 emergen de arrecifes de coral rojo.
Me animaré a caminar entre
ciegos; no ven mas allá de su nariz
los indolentes pedigüeños.
Para morir…
solo necesito
del claro silencio de mi boca.
 


Herido el viento

 

Herido ha pasado el aire

pocas veces, ha ratos,

como una clámide o aúllo.

Entre rama y rama,

hoja seca madera y rododendro

a lo lejos la alta serranía umbría,

tocada apenas por aletargados displicentes

destellos de sol.

¿Me habré ido esta primavera o para fin de año?...

Solo para los que han recorrido los meandros

por los que yo he andado.

He sentido el filo del aire en mis carnes,

la humedad del viento, en febril calosfrío

como premonición; sé que nada puedo atesorar.

He de fugarme hoy que llueve, en contra de un

resquicio en la lluvia para esconderme.

Me fugaré definitivamente, ignoro si alguien

pueda volver a acomodar mis manos

como cuando dormía.

Hasta que el último alcaraván muera

mi voz se volverá susurro con el viento,

como un toque que da el tiempo a cada ser humano.

Se llevará el grito burlón el escarnio del abusivo

que canallescamente actúa,

el rumor donde van a quedar sembrados en los osarios.

Herido el viento se llevará…

mis frases poéticas que a veces escribo a alguna mujer

que fue formada de sal y espuma;

encogida como un hada o Nereida.

O alguna otra mujer hecha de hiel y amargura

aquella que dejó unas lagrimas

como un marinero deja un beso en cada puerto y se va.

El viento, su canto, su ritmo, su toque apaga la vida,

apaga la llama, anuda las voces, irónicas,

mordaces de los ramplones quienes hacen

escarnio del árbol caído.

Disgregando aquellas risas de mis días colegiales,

Dios escuchará alguna vez mi cantar.

Herido el viento lo lleve a surear,

Como arrullo o lamento lloroso diré:

Simplemente que he venido a cantar

desde un cementerio.

martes, 16 de julio de 2013

Muerte del aeda

 
Savia meconea del cuerpo
cordón univincular a punto de cortarse,
tu cabellera abreviada a mi espalda.
Del fondo del vientre
cobremos la respiración,
en sueños nacemos a la muerte.
Desde el hondo corazón
separado por tantas cosas.
¡No!
En pecado de amor te esperaré,
prepara tus labios para el último beso,
romperemos memorias del pasado
ante el altar del tálamo mortuorio.
Ahí dame la mano generosa
para sufrir mi existencia sin compañía.
Se apartará la luz de mis ojos
próxima la partida…
se alejó el brillo
inútil de mis sentidos.
Olvidé que soy arcilla,
gusano que penetra y
regresa al polvo.
Ya no me darás tu mano
nada será mío, ni días australes
ni mansedumbre
que alimentaron
mis escasos momentos de risa.
Busco filones de caricias.
En un jardín,
te alabo con tisana de flores.
Sílabas pronunciadas,
siempre tenemos algo que mirar;
sin  fijar la vista.
 Frías mañanas de otoño
tiempo  de olvido…
triste primavera de mi vida.
Despidámonos entonces,
nadie nota cuando alguien se va
como un susurro,
como onda en agua de laguna,
zona fótica de lágrimas.
Astias abriendo brechas.
Entraré a ríos desbordados como piedra,
seré flecha lanzada al infinito
sin inseguridad en las entrañas.
Ahí, se siente la esencia de la noche,
el limo de los años.
La estulticia crea la ruptura
dejando rostro cristico de heridas,
tez azulosa, ojos secos
muertos… muertos.
Termina la sinfonía de aeda
fue mi vida
nadie la trocó.
¡Sólo la muerte!